Mercè Brey

«Somos, ante todo, seres enérgicos. Gestores de energía femenina y masculina. Cuando estas están en equilibrio, evolucionamos».
«Hoy en día es la empresa la que tiene la capacidad de crear una nueva realidad. Y las empresas somos las personas... y si las personas evolucionan, todo cambia...».

Cuando trabajo con organizaciones, acompañándolas en el diseño e implementación de su estrategia de diversidad o con líderes que quieren abrazar un estilo de liderazgo más incluyente, es imprescindible abordar la comunicación inclusiva.

Más allá de ahondar en premisas del tipo…

  • Podemos sustituir «empleados y empleadas» por «personal de la empresa»
  • O dejemos de enfatizar la diferencia: “se ha incorporado una persona con sordera” en lugar de “se ha incorporado una persona sorda”

…creo del todo necesario cuestionarse individualmente, pues el cambio se detona cuando las personas estamos comprometidas con él. Así que me encanta lanzar esta pregunta ¿cuál es tu Código Ético Personal?

Y me refiero a ese Código mío, tuyo, ese que no es delegable. Ese que va a hacer posible que toda la teorización sobre la diversidad o el liderazgo incluyente ejerza su magia y cree realidades nuevas.

Adoptar un Código Ético Personal me parece un acto sublime de humildad. Porque lo hacemos cuando somos conscientes de nuestras imperfecciones y queremos, con profundo convencimiento, mejorar.

¿Cómo articular mi Código Ético Personal?

Una buena forma de empezar es revisando estos dos parámetros:

  • Lo que tiene que ver con los pensamientos. En este primer nivel, lo esencial es abrir nuestro abanico de percepciones para tratar de entender cuáles son los puntos sensibles de las personas que nos rodean.
    Tiene que ver con escuchar profundamente, escuchar con todo el cuerpo, más allá de las palabras. Está íntimamente relacionado con la voluntad de suspender el juicio y mantener la neutralidad irrefutable de los hechos.
    Es escuchar a las otras personas y discernir como lo escuchado se asienta en nuestros pensamientos.
  • Lo tocante a la palabras. Lo más relevante en este segundo nivel es tomar consciencia del impacto que pueden llegar a tener las palabras. Es bien sabido que una sola palabra puede hacernos sentir en la gloria o en la más profunda miseria.
    Se trata de indagar en qué tipo de palabras emanan de nuestra boca y también en qué tono se manifiestan.

Reflexionar sobre los dos puntos anteriores me va a permitir hilvanar mi propio Código Ético que irá modelándose según el transcurrir de mi camino como líder, como persona.

Podría ser algo tan sencillo como:

  • Mis afirmaciones tienen como base hechos, no juicios.
  • Utilizo un tono de voz calmo y respetuoso.
  • Antes silencio que crítica.
  • La interpretación de la realidad de otras personas es tan válida para ellas como mi interpretación lo es para mí.
  • Me intereso sinceramente sobre lo que acontece en la vida de otras personas para poder comprender su punto de vista.

¿Cuáles son los drivers de tu C.E.P.?

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