Para que una empresa sea competitiva y perdure, es preciso que escuche lo que le están pidiendo los consumidores  y los empleados: valores sólidos, sinceros, auténticos, que formen parte de su día a día. Es preciso abandonar el patrón de los valores de cartón piedra, de las manifestaciones de márquetin, de las políticas de RSC vacías. Hemos entrado en la era de la conciencia y solo sobrevivirán aquellas empresas que logren una completa alineación entre sus principios y su actuación.