Por norma general, solemos fijarnos más en nuestros defectos que en nuestras virtudes. Somos tremendamente exigentes con nosotros mismos y nos cuesta reconocernos y felicitarnos nuestros propios méritos. Esta visión negativa hacia nosotros mismos nos va coartando nuestro desarrollo, nuestra evolución.

Te propongo un cambio de mirada, una aceptación sin crítica de los aspectos que de ti te disgustan y una atención preferente, forzada, hacia todas y cada una de las cosas que realizas con acierto.

Date la oportunidad de equivocarte para poder aprender y mejorar. Mírate con los ojos del corazón y alaba tus virtudes. Quiérete por todo lo que ya eres y por lo que puedes llegar a ser.