Sin duda, la humanidad está afrontando una de las mayores crisis de su historia, generando puntos de colapso en multitud de áreas. No son episodios teóricos sino realidades que podemos contrastar en nuestro día a día más rutinario.

A título de ejemplo, en esta parte del planeta las altas temperaturas están pulverizando límites históricos como muestra irrefutable del cambio climático. Hecho que provoca, a su vez, incendios devastadores cuya ferocidad es aterradora. Escuchaba, hace pocos días, las declaraciones de una persona responsable del Cuerpo de Bomberos, quien definía una tipología de incendio nueva que no puede ser combatida con los usos tradicionales.

Siguiendo con el ejemplo, frente a la evidencia desgarradora del cambio climático podemos optar por desmoronarnos, angustiarnos y deprimirnos, o bien elegir una mirada generativa que lleve intrínseca una reveladora pregunta: ¿Qué está surgiendo de nuevo? Una mirada apreciativa hacia todos los avances que estamos haciendo como humanidad relativos, por ejemplo, al desarrollo de energías limpias, de cultivos responsables, de cambios en hábitos alimentarios y un largo etcétera.

No estoy hablando de trivializar para sentirnos mejor sino de encontrar ese equilibrio, ese punto de apoyo interno, que nos impulse a seguir avanzando hacia una realidad deseada que SÍ es posible. Profundizo un poco más…los seres humanos estamos «programados» para enfocarnos en lo negativo antes que en lo positivo. La razón que subyace es la supervivencia.

Registramos automáticamente una experiencia negativa mientras que necesitamos una exposición superior a los diecisiete segundos para poder almacenar una experiencia positiva. Por tanto, tendencialmente, nuestra atención se centrará en las amenazas en lugar de en las oportunidades. Tomar consciencia de este mecanismo de supervivencia nos ayuda, por un lado, a no sucumbir al desaliento y, por otro lado, a poder apreciar e impulsar lo nuevo que emerge.

Creo que estaríamos de acuerdo en la afirmación de que la vorágine del día a día nos dificulta enormemente pensar con claridad. Es necesario bajar el ritmo, aminorar las revoluciones, para poder reflexionar sobre aquellos aspectos que resulten trascendentes para cada cual. Buen momento el parón vacacional para este ejercicio…

Y puede ser de ayuda hacernos esta pregunta: ¿Cómo puedo utilizar este contexto de crisis (el que sea, el que cada cual sienta como más acuciante en este preciso momento) como motor para aumentar mi nivel de conciencia y ganar en libertad para avanzar en mi desarrollo personal/profesional? Desgrano la pregunta:

  1. Aumentar el nivel de conciencia. Para discernir que hay detrás de lo evidente, qué es superfluo y actúa como distractor en mi camino, qué es lo realmente importante… qué toca definitivamente soltar.
     
  2. Ganar en libertad. Ser capaz de ir descomponiendo mi personaje, de romper ataduras por roles y patrones impuestos, de elegir sin condicionamientos… de aceptarme tal cual soy, de aceptar lo que hay.

A pesar de su dureza, las crisis son buenas para la evolución, personal y colectiva. Mirar la crisis desde la óptica de la posibilidad nos muestra nítidamente que podemos ser más de lo que somos y de lo que quisiéramos ser. Y un apunte más: de las crisis se puede salir sol@, pero es mucho más enriquecedor lidiarlas en conexión. Porque aislarse es empobrecerse, porque la evolución viene de la fuerza que generan los vínculos.

Te deseo un feliz descanso, con buenas vibraciones y repleto de momentos de lucidez.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.