Magnet Me para Unsplash

A menudo, a las personas que acompaño en su desarrollo profesional les pregunto «y tú, ¿qué tipo de profesional quieres ser?». La respuesta suele parecerse a: «Mercè, ¿a qué te refieres?». 

Como mínimo, esta contestación me parece curiosa… nos pasamos un tercio de nuestro tiempo de vigilia trabajando, es el eje central de nuestra vida y percibo que en muy pocas ocasiones se reflexiona más allá de qué es lo que quiero hacer

Mayoritariamente obviamos pensar detenidamente sobre cómo quiero realizar mi trabajo, sobre los valores que constituirán mi forma de actuar, sobre dónde colocaré esa frontera inquebrantable que asegurará mi integridad, etc. 

De hecho, este comportamiento tiene su razón de ser: desde muy jóvenes, la sociedad nos enfoca a convertirnos en seres productivos. Vamos a la universidad, a centros de formación profesional, a escuelas de idiomas, perfeccionamos los conocimientos adquiridos con posgrados y másteres.

Las privilegiadas y los privilegiados han escogido los estudios atendiendo a su vocación, pero la gran mayoría los elige por las posibilidades futuras de ocupación. 

Este abordaje del enfoque profesional tiene en cuenta responder básicamente a dos preguntas: ¿qué haré? y ¿cómo lo haré? Un enfoque muy mecanicista que observa al ser humano como una máquina, como un mero elemento productivo. Se trata de una visión centrada en el HACER, sin dejar apenas espacio para que el SER se exprese. 

No es de extrañar entonces que un porcentaje muy elevado de personas, cuando acumulan años de vida laboral, se encuentren desencantadas, desmotivadas, «vacías», suelen expresar. Se han pasado años desempeñando tareas que acaban siendo repetitivas y cuyo retorno acaba siendo únicamente una compensación económica por el tiempo invertido. 

Las preguntas correctas

Creo que hemos estado obviando responder a dos preguntas cruciales en el momento de encauzar nuestra vida profesional. De esta forma, a las dos preguntas que mencionaba anteriormente (¿qué haré? y ¿cómo lo haré?) deberíamos añadir dos cuestiones más: ¿para qué lo haré? y ¿desde dónde lo haré?

Si el Qué y el Cómo tienen que ver con el HACER, el Para qué y el Desde dónde tienen que ver con el SER. 

¿Para qué? me ayuda a discernir aquello que aportará sentido a mi esfuerzo. Es la fuente misma de la motivación, el motor de la creatividad, de la creación.

El ¿Desde dónde? está vinculado con mis valores, con la coherencia entre pensamiento y acción, con la autenticidad. 

Así, Qué y Cómo corresponden al mundo racional, a nuestra esencia masculina. Para qué y Desde dónde residen en la emocionalidad, en nuestra esencia femenina. 

Ahondando, Qué y Cómo son preguntas que responde la mente. Para qué y Desde dónde son cuestiones cuya respuesta se elabora en el corazón. 

Hannah Wei para Unsplash

Busca el sentido

Quiero compartir contigo una ejemplo sencillo pero tremendamente significativo, que ilustra lo dicho. Un testimonio que para mí, en su momento, fue una significativa lección de humildad y de vida.

Se trata de una mujer propietaria de una tienda de alimentación. Y esta es la síntesis de largas horas de conversación:

Pregunta: ¿A qué te dedicas?

Respuesta: vendo productos alimentarios saludables.

Pregunta: ¿Cómo los vendes?

Respuesta: Asesoro a las personas que visitan mi tienda según su estilo de vida, necesidades puntuales, debilidades en su salud, etc. 

Pregunta: ¿Para qué haces este trabajo?

Respuesta: para ayudar a las personas a que sean más felices a través de mejorar la forma en que se alimentan.

Pregunta: ¿Qué es aquello que te motiva a trabajar de esta forma? ¿Desde dónde actúas?

Respuesta: cuando una persona cruza el umbral de mi tienda, siento un profundo agradecimiento por su presencia y un profundo respeto por lo que esa persona es, por su condición de ser humano.  

Sea cual sea el momento profesional en el que te encuentres, te invito a que reflexiones en torno a las cuatro preguntas y que intentes darles una respuesta honesta.

Cuando un tercio de nuestro tiempo de vigilia lo dedicamos a trabajar, darle un sentido profundo a nuestro desarrollo profesional es casi sinónimos de vivir una vida significativa. 

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