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SOLEMOS PLANTEARNOS UN CAMBIO DE HÁBITOS EN DOS FECHAS SEÑALADAS: AL INICIO DE UN NUEVO AÑO Y TRAS LAS VACACIONES…

¿QUÉ TAL ABANDONAR ALGÚN QUE OTRO VIEJO PATRÓN ESTE SEPTIEMBRE?

 

Hace pocos días me escribió una directiva con quien hemos estado trabajando el cambio en su estilo de liderazgo.  Esta mujer había adoptado una serie de patrones de forma inconsciente, patrones que identificaba como la única forma de dirigir que, según sus creencias, conduce al éxito y al reconocimiento. 

 

En las sesiones de trabajo  estuvimos analizando cómo, a lo largo de su carrera profesional, había adquirido una serie de destrezas y aceptado como válidos un conjunto de conceptos que poco tenían que ver con su verdadera esencia. Esta forma de funcionar había ido generando tal incongruencia entre sus formas de sentir y actuar que cada vez  se iba manifestando en un mayor malestar. 

 

Que lo que hagamos sea incoherente con lo que sentimos no es algo baladí. La incoherencia genera estrés; y el estrés, una sustancia química en nuestro organismo llamada cortisol. Este elemento segregado de forma repetitiva y a lo largo del tiempo, acaba afectando nuestro sistema inmunológico y, consecuentemente, las enfermedades empiezan a tener presencia. 

 

 

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CAMBIAR PATRONES DE COMPORTAMIENTO: UN ACTO DE VALENTÍA… ¡Y REBELDÍA!

 

Cambiar un patrón es una ardua tarea. En su correo electrónico, mi clienta me decía que había sido capaz de identificar los patrones que había ido «comprando» a lo largo de su carrera profesional, y que se había abierto una puerta frente a ella cuyo umbral le daba mucho respeto cruzar. Y es que cambiar de patrón significa, de alguna manera, despojarse de nuestra identidad, esa construida capa a capa con criterios escogidos a base de libertades restringidas. 

 

Cruzar ese umbral es dejar de proyectar una y otra vez el pasado como única vía para crear nuestro futuro. Es dejar de repetir acciones y reacciones almacenadas en nuestro inconsciente y que se disparan sin siquiera requerirlas. Por el contrario,  es añadir un nuevo carril a nuestra autopista de vida, es salirse del surco y trazar un nuevo camino. 

 

De hecho, cambiar conscientemente un patrón de comportamiento es la forma más efectiva de dejar una vida ordinaria y empezar una vida extraordinaria, ya sea en el ámbito profesional o privado. Esto, sin duda, requiere determinación y coraje.

 

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DECIDIR CAMBIAR UN PATRÓN DE COMPORTAMIENTO ES APOSTAR POR NUESTRO POTENCIAL. 

 

El doctor Joe Dispenza en su libro Sobrenatural. Gente común y corriente haciendo cosas extraordinarias afirma contundente:

 

Cuando nuestra conducta coincide con nuestras intenciones, cuando nuestras acciones están de acuerdo con nuestros pensamientos, cuando la mente y el cuerpo actúan juntos, cuando nuestras palabras son coherentes con nuestras acciones, detrás de nosotros hay un poder inmenso. 

 

Entrar en coherencia significa abandonar la lucha interna y recobrar el bienestar. Y significa también ser faro o referencia para las personas que nos rodean. De esta forma, la coherencia activa una especie de imán que atrae a quién se relaciona con nosotros. Es pura física, energía en vibración. 

 

 

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LOS DOS ELEMENTOS BÁSICOS QUE CONDICIONAN EL CAMBIO DE PATRONES DE COMPORTAMIENTO

 

Cambiar de hábitos, abandonar una forma de actuar que llevamos repitiendo a lo largo del tiempo no tiene nada de sencillo. Pero es un reto asumible si tenemos en cuenta dos aspectos clave:

 

1.- Solo podemos cambiar un patrón si estamos dispuestos y dispuestas a asumir las consecuencias del cambio. Es lo que en programación neurolingüística se llama la ecología del cambio. Hace referencia a un proceso interno que podemos experimentar ante retos u objetivos que nos planteamos. Así, en determinadas circunstancias, una parte nuestra puede estar en desacuerdo con la modificación de un hábito. Este hecho dispara lo que podríamos denominar un “saboteador” interno que, de forma sutil, nos impide culminar con éxito nuestro propósito. 

Veamos un ejemplo. Imagina que vas saturada o saturado de trabajo. Tienes claro que necesitas delegar más para liberar carga de trabajo, pero cada vez que decides distribuir las tareas que llevas haciendo durante un tiempo te acecha un pensamiento de desconfianza: «más vale que lo haga yo. Entre que lo cuento y lo reviso ya lo tendría hecho», o también «no me complico la vida,  ya lo hago yo, que así me aseguro de que salga el trabajo en tiempo y forma». 

Este es claramente un patrón de control, y modificarlo significa, precisamente, soltar el control. Esto tiene consecuencias que nos pueden resultar difíciles de asumir, como verse cuestionada/o, defraudada/o, desplazada/o, etc.

 

Lo interesante de este punto es plantearse qué repercusiones puede tener para mí la modificación de un patrón y, necesariamente, responder sinceramente a esta cuestión. Esto nos conducirá a detectar qué aspectos de mi desarrollo personal debo trabajar. De este modo, y siguiendo nuestro ejemplo, quizás surjan reflexiones relativas a la inseguridad, baja autoestima, falta de empatía, etc. 

 

Trabajar lo detectado es un salvoconducto necesario para la modificación exitosa de un patrón. 

 

2.- Generar un cambio de patrón implica crear una nueva red neural. Es decir, establecer nuevas conexiones en nuestra circuitería interna. Para ello, requerimos trazar un nuevo recorrido neural que sea tan rápido y automático como lo ha sido el patrón que deseamos abandonar. Y este proceso exige dedicación y constancia. 

Para que sea más manejable, podemos dividir este proceso en tres etapas fundamentales:

 

a) Analizar y reconocer. Se trata de observarse a uno mismo, a una misma. Analizar qué tipo de comportamiento estamos repitiendo y en qué circunstancias concretas. Consiste también en reconocer las emociones que alberga esa conducta sin juzgarse ni recriminarse. 

 

b) Renunciar y redirigir. Esta etapa es crucial, es el momento en que tomo la decisión de abandonar el patrón que me ha estado condicionando. Enlaza con el punto 1 sobre la aceptación de las consecuencias que entraña todo cambio.  Es el instante en que desplazamos el foco de atención de un viejo patrón para centrarlo en una nueva posibilidad. 

 

c) Crear y repetir. Este es el momento cumbre, el instante en que empiezo a darle forma a la nueva conducta que he elegido. Es un momento creativo. Aquí me recreo en dar respuesta a preguntas poderosas: ¿Cómo quiero pensar a partir de ahora? ¿Cómo quiero que me vean los demás? ¿Cómo quiero actuar? ¿Cómo voy a comportarme? ¿Cómo quiero sentirme? ¿Cómo serán mis emociones?

 

Una vez estructuradas las respuestas toca ponerlas en práctica, darle forma a un nuevo patrón de comportamiento. Recrear en la mente situaciones donde pueda poner en práctica el nuevo patrón y repetirlo tantas veces como sea necesario hasta tener esa preciosa sensación de familiaridad. Es justo el momento en que lo estamos empezando a automatizar. 

 

Y por fin, llega el desenlace. Segura de mi nueva habilidad, la testo en la vida real. Una situación ordinaria donde se reproducía automáticamente mi viejo patrón se torna extraordinaria, pues mi actuación corresponde ya a un nuevo patrón. Ese elegido conscientemente y moldeado fruto de mi determinación. 

 

¡Enhorabuena por ser guionista de tu realidad!

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Charo
22 days ago

Maravillosa reflexión sobre nuestra libertad para cambiar patrones de comportamiento. Qué gran momento para consciente e intencionadamente escribir ese nuevo guión de tu vida. Gracias Mercè. Un abrazo

Merce Brey
22 days ago
Reply to  Charo

Muchas gracias Charo. Que seamos capaces de escribir un nuevo guión personal y colectivo!

Un abrazo