Hace cierto tiempo leí un informe que me dio mucho que pensar. Afirmaba que los humanos tenemos entre 60 mil y 70 mil pensamientos al día, y que el 90% son exactamente los mismos que los del día anterior. 

 

Siendo así, o ponemos consciencia y voluntad para modificar nuestros pensamientos o seguiremos eternamente «pedaleando en la rueda del hámster», porque repetir una y otra vez los mismos pensamientos nos mantienen en un bucle sin fin, siendo su estructura prototípica: 

 

  • tenemos un pensamiento que genera una elección, 
  • la elección genera un comportamiento, 
  • el comportamiento genera una experiencia, 
  • la experiencia genera una emoción 
  • y la emoción, a su vez, genera ese mismo pensamiento.

 

Y vuelta a empezar… ahí estamos en nuestro bucle, en una especie de rumiación mental. 

 

Un aspecto que refuerza este ciclo inagotable es que solemos rodearnos de personas que tienen una forma de pensar similar a la nuestra. Este hecho provoca un proceso de retroalimentación. Es decir, si mis pensamientos son coincidentes con lo que piensa mi entorno, entonces me reafirmo y sigo manteniendo ese mismo pensamiento y ese mismo entorno. 

 

 

Adicionalmente, para reforzar el mecanismo descrito, tenemos un poderosísimo aliado: las redes sociales. Sustentadas en unos algoritmos selectivos, nos dan más y más de los contenidos que habitualmente consumimos, reforzando nuevamente mis convicciones. Y por si fuera poco, son tremendamente adictivas,  generándonos un sentimiento de bienestar momentáneo a base de estimular nuestra dopamina cada vez que recibimos un like

 

Así es, estamos sumergidos y sumergidas en una maraña bien tejida de la que es difícil escapar. Un mecanismo que nos confunde y que nos induce a pensar que nuestra circunstancia es real y universal. Un velo que nos atrofia nuestra capacidad crítica y que no permite la expresión de todo nuestro potencial. 

 

Y la pregunta obligada: ¿Hay forma de salir de este laberinto? 

 

De bien seguro que existe la posibilidad. Para ello sugiero prestar atención a tres aspectos diferenciados:

 

1.- Tomar conciencia de este proceso. Ayuda dar un pasito atrás y contemplarlo como meros observadores. Coger un pensamiento, amarrarlo bien y analizar como va derivando en comportamiento, en experiencia, en emoción…Una vez hecho el examen, toca modificar la emoción. De esta forma crearemos un pensamiento distinto y se habrá abierto una nueva posibilidad fuera del bucle. 

 

2.- Zambullirse en un entorno fuera de la zona de confort. Es una buena práctica entrar en contacto con personas con una forma de pensar distinta a la nuestra. Se trata de observar su realidad, de empatizar con su paradigma, de medir las diferencias. Requisito indispensable es hacerlo sin juzgar. 

Desde lo racional, sabemos que existen realidades distintas a la nuestra pero necesitamos experimentarlo para generar una nueva emoción y engendrar así un nuevo pensamiento. De este modo empezaremos a romper con nuestra secuencia de repetición habitual.  

 

3.- Reducir el consumo online. Si los dos puntos anteriores son exigentes este, sin lugar a dudas, es complicado de llevar a cabo. En mayor o menor medida, tenemos adicción a las redes sociales.  Estar informada, saber que están haciendo amigas y conocidos o alimentar la sensación de formar parte de una comunidad se ha vuelto una necesidad casi imperiosa en nuestras vidas. 

Pero para romper con el bucle que hemos comentado, para facilitar un pensamiento crítico que cuestione nuestros propios comportamientos y emociones y así poderlos modificar, necesitamos una cierta desconexión de las redes sociales pues silenciosamente nos inducen al pensamiento lineal. Míralo como si se tratara de una dieta detox, pero, en esta ocasión, para la mente. 

 

Nuestro entorno profesional, nuestro ámbito personal está repleto de bucles. Unos nos satisfacen pero otros nos estancan y nos dificultan alcanzar nuestras metas y disfrutar de una vida más plena. 

 

La realidad, nuestra realidad, es algo dúctil y moldeable. Entendiendo sus parámetros de configuración tenemos acceso a la llave del cambio. Como decía Stephen Crane, «el que puede cambiar sus pensamientos puede cambiar su destino». 

 

0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments