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Conectar con las personas que nos están escuchando y transmitirles un mensaje que realmente «les llegue» no es habitual ni fácil.

Una cosa es hablar y otra bien distinta es comunicar. Esto último tiene que ver con conectar con las otras personas, con establecer un vínculo que permita una circulación bidireccional de energía, porque eso es exactamente lo que son las palabras: energía en vibración.

Para establecer una comunicación de calidad, el mensaje debe emitirse de forma auténtica y empática, pues, en esencia, estamos intercambiando emociones. Y ya sabemos que las emociones impostadas se detectan rápidamente.

¿Cuál podría ser el proceso para una comunicación verdadera? Y me refiero a esa forma de comunicar que engancha, que impacta, que transforma, que es honesta y genuina.

De forma esquemática, el proceso comunicativo puede abordarse en cinco pasos concatenados:

 

1. Contextualización de la conversación

A este primer paso no le prestamos demasiada atención, a pesar de que es determinante para el buen desarrollo de una conversación. Tiene como objetivo adaptar nuestra forma de comunicar a las particularidades de la persona que tenemos como interlocutora, a la vez que modularla según los condicionantes ambientales.

Así, por ejemplo, no es lo mismo entablar una conversación con una persona a la que notamos asunte, pendiente de sus pensamientos que con otra alterada o consternada. Del mismo modo, un entorno tranquilo o un lugar ruidoso y con interrupciones frecuentes también la condicionan.

Se trata de tomar el pulso a la persona y al entorno y adaptar la formulación del mensaje a los inputs recibidos. En ocasiones, la mejor opción puede ser, incluso, postergar la conversación.

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2. Preparación interna para poder realizar una escucha activa de calidad

El requisito indispensable para una buena comunicación es tener una clara disposición a escuchar profundamente. Lo que vayamos a emitir tiene que tener necesariamente en cuenta lo que la otra persona nos haya estado contando.

Predisponerse a escuchar es tener una actitud empática, humilde y curiosa, a la vez que profesar un hondo respeto por la otra persona.

La mejor forma para lograrlo es adoptando un estado de calma, enteramente presente, anclándolo para que permanezca durante toda la conversación.

 

3. Calibración y Sincronización

Para comunicar de forma auténtica es preciso que «vibremos» en la misma frecuencia que lo hace nuestro interlocutor o interlocutora.  De esta forma, nuestro mensaje fluirá sin «cortocircuitos».

Una forma de conseguirlo es calibrando a la persona con la que entablamos comunicación y luego sincronizando con ella.

Calibrar consiste en captar los gestos, la posición del cuerpo, el tono de voz, el tipo de respiración e incluso los pequeños movimientos que puedan tener los músculos de la cara. Una vez hemos recogido la mayor información posible, empezaríamos con la sincronización.

Se trata de adoptar, imitar, lo que hemos estado calibrando, de mimetizarnos con la otra persona. De esta forma, por ejemplo, si la interlocutora está sentada con las piernas cruzadas y ligeramente reclinada hacia atrás, adoptaremos esa misma posición. Si efectúa pausas mientras habla, nosotros también lo haremos y si su tono de voz es bajo, el nuestro también lo será.

Tras calibrar y sincronizar ya tenemos establecida la vía perfecta para conectar y empezar a comunicar.

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4. Retroalimentación o feedback

Decíamos al inicio que la comunicación es, ante todo, un intercambio de emociones. Es preciso que, durante todo el proceso, mantengamos la calibración por si hubiera variaciones en el escuchante y fuera preciso adaptarnos a los cambios surgidos.

Al mismo tiempo, es conveniente que demos nuestra opinión de lo que estamos recibiendo y escuchemos sus comentarios al respecto para que se configure una conversación libre de presuposiciones y juicios.

La retroalimentación o feedback consiste en comentar de manera constructiva (evitando la crítica) las sensaciones y emociones tras lo que se ha escuchado. El receptor del mensaje expresa a su interlocutor qué es lo que ha entendido y qué emociones le ha suscitado lo que ha oído. De esta forma, el emisor puede saber el impacto que están causando sus palabras y puede contrastarlo con su intención.

Usando esta sencilla técnica de forma honesta, sincera y neutra, cerramos la puerta a la subjetividad y a la interpretación. Ambas dañan la comunicación y suelen ser fuente de conflicto.

 

5. Recogida y cierre

Cómo ocurre con el primer paso, esta parte también es fundamental y no siempre tenemos el acierto de dedicarle la atención que requiere.

Es el momento de sacar las conclusiones de la conversación y constatar el estado de ánimo con el que concluimos para acabar cerrando con un agradecimiento sincero, independientemente de si la conversación ha transcurrido por los derroteros que previamente imaginábamos.

De esta forma, en esta conversación escrita por mí y leída por ti, solo me queda decirte: gracias por tu atención.

Cristina Gottardi para Unsplash
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