Vivimos en una sociedad que va a todo correr. Parece que el tiempo se nos escurre entre los dedos. Da la sensación de que le han robado horas a nuestro día. Como en bucle, empezamos la semana con un horizonte de cinco días intensos y en nada nos plantamos a viernes. Ahí está el fin de semana deseado que, en un plis plas, ha desaparecido para darle paso a un nuevo lunes. Y así se nos pasan las estaciones, y la Navidad, y Semana Santa, y las vacaciones…

La nuestra, es una sociedad repleta de estímulos, acelerada por los medios de comunicación y las redes sociales. No damos abasto de procesar tanta información y nos es difícil salirnos de nuestro espacio mental de tan incentivado que lo tenemos.

Pero hay que pausarse, lo necesitamos. Precisamos darle paso también al sentir. Bajar la intensidad del pensamiento y cederle protagonismo al sentimiento. Para nuestro bienestar y para nuestra efectividad.

Hay diversas formas de atenuar el ritmo de nuestra mente. A mi me parece especialmente apropiada el sumergirse en la naturaleza. De alguna forma, es como retornar al origen. Científicamente hay cientos de estudios que ratifican sus bondades. De hecho, el Shinrin-Yoku (baño de bosque en japonés) incluso forma parte del programa de salud del país nipón desde inicios de la década de los 80. Se trata, básicamente, de zambullirse en la naturaleza a través de los cinco sentidos.

Pasear entre árboles sin rumbo fijo, escuchar el sonido del viento al mover las hojas, contemplar el hipnótico vuelo de los pájaros, mascar un brote de romero, acariciar la corteza de un árbol, oler el aroma de la tierra mojada… sin prisa, sin intención alguna, tan solo dejarse llevar. Así de sencillo y tremendamente eficaz para reducir el estrés y para mejorar la creatividad.

Para no relegar nuestro bienestar al fin de semana, a tener el tiempo suficiente para irnos al campo, podemos crearnos nuestro pequeño espacio de regeneración. Espacio donde domar la mente, entrenarla para que esté a nuestro servicio, trayéndola al presente, abandonando así el ansia del futuro y la esclavitud del pasado.

Te propongo sentarte plácidamente junto a una planta frondosa o un ramo de flores frescas, escuchando una suave melodía, sosteniendo entre las manos una humeante taza de té… una buenísima alternativa para relajar nuestra mente, desconectar del ritmo frenético que nos envuelve y concentrarnos en nuestros sentidos. Mirar, escuchar, oler, tocar y saborear… sin prisas, conscientemente… aquí… ahora.

Entrenar la concentración a través de nuestros sentidos para acceder a la sabiduría que atesoramos.

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