Las personas tenemos una asombrosa capacidad de aplicar la taxonomía a todo lo que nos rodea (esa ciencia que trata sobre clasificar u ordenar en grupos de similares). A modo de divertimento, cojamos diferentes tópicos y veamos si aplica o no.

– Género. Sí, nos clasificamos en hombres y mujeres.
– Religión. Efectivamente. Podemos ser cristianos, musulmanes…o laicos.
– Geografía. Por ejemplo, europeos, americanos o asiáticos.
– Condición física. Altos o bajos. Gordos o flacos. Fuertes o débiles. Etc.
– Según nuestra capacidad económica (ricos o pobres), nuestra afinidad deportiva (del Barça o del Madrid), nuestra forma de alimentarnos (omnívoros o vegetarianos), etc.

Que nos une? Que nos diferencia?

Abre los ojos!

Y así, una interminable lista de dualidades. Pero escojo una en especial para profundizar en el concepto. Se trata de la clasificación que nos autoimponemos según sea nuestra fecha de nacimiento. La llamamos generaciones y las caracterizamos así:

Generación Baby Boomers. Englobamos en esta primera clasificación a las personas que han nacido aproximadamente entre 1945 y 1960. Decimos de ellos que aprecian enormemente la seguridad en lo financiero y en lo laboral. Que tienen resistencia a todo lo que comporte cambio. Fieles a su empresa, viven para trabajar.
Generación X. Nacidos en torno a 1960 y 1980. Buscan un cierto equilibrio entre la vida personal y la profesional. Menos leales a una única compañía, cuestionan la autoridad formal y las reglas establecidas. Han crecido informatizados.
Generación Y o Millennials. Han sido alumbrados entre los años 80 y el 2000. Valoran ante todo un trabajo que les motive, que esté alineado con sus valores. Requieren flexibilidad y no les incomoda en absoluto saltar de empleo en empleo. Preocupados por estar conectados, su realidad gira entorno a las redes sociales.
Generación Z. El más viejo, tiene ahora 18 años. Nativos digitales, están altamente interconectados. Son rápidos tomando decisiones y exigentes en sus elecciones. Faltan todavía rasgos por emerger para poderlos tener totalmente clasificados.

Y propongo… ¿qué tal si en lugar de buscar aquello que nos diferencia profundizamos en aquello que universalmente nos une?

Sé perfectamente que mi propuesta no tiene nada de sencilla. Nuestra sociedad prima ante todo el uso de la racionalidad. Damos prioridad al empleo del hemisferio izquierdo cuyo enfoque es diseccionar en partes, dejando de lado la visión global, que es más característico del hemisferio derecho. Por tanto, estamos entrenados para ver “porciones” más que para ver “el todo”. Siendo así, elevar la mirada para detectar lo que nos une en lugar de lo que nos separa tiene un punto de complejidad.

Volvamos a las generaciones… Recientemente, he asistido a un congreso internacional sobre liderazgo donde se discutía cual es la mejor fórmula para tratar a la generación Z en el entorno laboral. Se concluyó que había tres elementos clave para gestionar a este colectivo: la flexibilidad, la transparencia y el mentoring.
Llevo días pensando en ello… ¿por qué estos atributos? ¿cuál es su trascendencia? ¿será que detrás se esconden valores universales?

Flexibilidad… ¿qué hay detrás de la Flexibilidad? Sin duda, la Confianza… ¿y detrás de la Transparencia? Irrefutablemente, la Honestidad…¿y tras el mentoring? Un mentoring auténtico y sincero siempre se asienta en la Confianza y la Honestidad.

¡Claro que con flexibilidad, transparencia y mentoring lograremos lo mejor de la generación Z! Porque les subyacen valores tan universales como la confianza y la honestidad. ¿O es que hay alguna de las cuatro generaciones mencionadas que no apreciaría ser tratada con confianza y honestidad?

Por supuesto que cada generación tiene sus rasgos distintivos y que es de gran ayuda conocerlos. Pero también es cierto que cualquier equipo, cualquier relación, que se base en valores universales tiene los fundamentos necesarios para salir adelante.

A veces tengo la sensación (¿o debería decir fantasía?) de que el proceso de construir y alimentar relaciones, lo mismo da personales que profesionales, es menos complejo de lo que aparenta. Tejerlas sobre aquello que nos une en lugar de sobre lo que nos diferencia, tejerlas sobre lo que nos es universalmente común, se me antoja una buena práctica. Y sin duda, la supremacía de lo universal es, inequívocamente, el amor.

 

Una lectura recomendada: ‘Martes con mi viejo profesor’ de Mitch Albom.

Narra la experiencia vivida por el autor con uno de sus profesores de la universidad al que vuelve a ver al cabo de muchos años aquejado de ELA, una enfermedad degenerativa. Tienen encuentros periódicos, cada martes, donde Mitch halla consejo y aliento en las sabias palabras de su maestro.

El más acertado y auténtico mentoring al que uno pueda aspirar.

Imagen: David Pereiras