Hablar de perdón en las empresas…suena extraño, ¿verdad?

Y en cambio es algo trascendental, que lastra nuestra productividad y nuestra creatividad.

Perdonar significa “dejar pasar”, dejar de reclamar por una falta u ofensa recibida por tanto es un término muy vinculado al concepto de tolerancia.

A veces nos ocurre que quedamos atrapados por emociones vividas. Rencores que provienen de malos entendidos, de envidias, de falta de comunicación. Emerge un sentimiento de tristeza, melancolía, odio y rencor que no nos permite seguir adelante con todas nuestras capacidades. Vamos construyendo realidades sobre una base frágil, deteriorada y desestabilizada que entorpece el fluir natural de las relaciones.
Y se resisten la calidad de los proyectos, la libertad para ser disruptivos, la cooperación para seguir un reto conjunto, la capacidad para pensar en el bien común de la Organización.

No estamos acostumbrados a tratar el perdón como algo natural en la mayoría de entornos laborales, más bien suele ser percibido como un símbolo de debilidad.
El exceso de energía masculina en la gran mayoría de empresas no deja espacio a algo tan característico de la energía femenina como es la facilidad de pedir perdón, honestamente, sentidamente.
Tanto la persona que perdona como la que es perdonada, desata automáticamente nudos energéticos que estaban lastrando sus capacidades.

Las Organizaciones deben comprender el enorme poder del ejercicio del perdón en su seno y generar espacios de respeto, tolerancia y confianza para que pueda darse de forma natural y fluida.