La física cuántica asevera que la energía y la materia son dos polos de la misma esencia, y que esta es la única sustancia universal. Las moléculas de que se compone cualquier clase de materia, incluido el cuerpo humano, están en constante vibración. Por tanto, cada uno de nosotros es un sistema de energías en continua vibración. Nuestros cuerpos crean bandas de energía electromagnética que permiten emitir y absorber información, y forman parte de un sistema infinito que lo engloba todo.

Compañeras

Conversación abierta entre compañeras

Los seres humanos evolucionamos a través de las vibraciones y estas provienen de nuestras emociones. Un sentimiento positivo aumenta nuestra frecuencia de vibración, mientras que uno de negativo nos induce a una baja vibración.

Con el agradecimiento, la comprensión, la confianza o el amor vibramos alto mientras que con la codicia, la envidia, la crítica o el miedo estamos vibrando bajo.

De hecho, podemos establecer un claro paralelismo entre lo que acontece a las personas y a las empresas puesto que una organización es también un ente energético, que agrega la energía de todos sus miembros.

De este modo, una empresa puede prosperar o destruirse según sea el talante de su vibración.

El miedo es la vibración más baja. Nos paraliza y no permite que expresemos nuestro potencial. Muchas organizaciones están regidas por esta emoción que coarta y limita gran parte de las capacidades de sus componentes.

La creatividad y la innovación no pueden desarrollarse en un entorno donde impere el miedo. Las personas se retraen y dejan de aportar por temor a tomar decisiones, cometer errores o, simplemente, no mostrarse alineados con la Dirección aunque ésta haya derivado hacia unos derroteros mejorables.

Las empresas asentadas en el miedo navegan en la mediocridad, son poco creativas e innovadoras, difícilmente atraen al mejor talento y paulatinamente las personas más talentosas irán desvinculándose de ellas. Y sin talento una empresa no tiene futuro.

Necesitamos empresas valientes y desinhibidas, que confíen en sus empleados y creen el espacio necesario para que todos y cada uno de sus miembros pueden expresarse con su máximo potencial. Respeto, confianza, integridad e igualitarismo son cualidades de las empresas que si tienen futuro.