Todos nosotros atesoramos en nuestro interior todas y cada una de las habilidades posibles. Lo que ocurre es que algunas las tenemos desarrolladas y muchas otras todavía no.

Cuando una habilidad desarrollada destaca en comparación con la misma habilidad en otros individuos, la llamamos “talento”.

Cuando ese talento es especialmente relevante para mi, cuando se trata de aquello a través de lo cual más disfruto, aquello que definitivamente mejor se me da, aquello que me hace sentir especialmente bien, entonces estamos hablando de un don.

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Expresar el talento

Cada persona, sin excepción, posee un don que le ha sido otorgado para ser devuelto a la sociedad. Cuando uno descubre cuál es su don y logra desarrollar su tarea principal a través de él, devolviéndolo de múltiples formas a la comunidad, esto se traduce en un poder absoluto, en algo que no tiene límites, que supera cualquier barrera para el individuo.

Debemos dedicar tiempo y esfuerzo a descubrir nuestro don. Observando en qué se nos pasa el tiempo sin darnos cuenta, percatándonos de qué estamos haciendo cuando nos sentimos más bien con nosotros mismos o preguntando a personas de nuestro entorno más íntimo qué creen ellos que hacemos especialmente bien tendremos pistas significativas que nos ayudarán a vislumbrar nuestro preciado don.

Y es a partir de ese conocimiento cuando nos daremos cuenta de cuál es nuestro lugar, el único lugar desde donde brillar. Y no solo es importante brillar para nosotros mismos sino también para iluminar el camino de los demás.